Este artículo no tiene como intención hacer
una apología de los asentamientos ni de la política del gobierno israelí en
favor de su expansión. Consideramos que a fin de garantizar la supervivencia de
Israel como Estado judío y democrático, es clave que haya separación entre
israelíes y palestinos, lo cual no va de la mano de dicha expansión. Tampoco
por cierto del proyecto de ley promovido recientemente por la coalición de
gobierno bajo el nombre de «regularización de tierras» que pretende
legalizar retroactivamente los puestos no autorizados instalados en diferentes
partes de Cisjordania (Judea y Samaria).
A pesar de esta postura, la resolución
adoptada este viernes 23 de diciembre por el Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas, nos provoca un profundo rechazo. Y cabe recordar que si bien
tienen sus críticas al gobierno, también partidos de oposición israelíes como
«Yesh Atid» y » La Unión Sionista», expresaron su
desaprobación.
Trataremos de explicar algunos puntos
problemáticos, en contenido y semántica, aunque tratándose de la ONU, cuya
tendenciosidad anti israelí fue confirmada días atrás por el propio Secretario
General Ban Ki Moon, nada debería sorprender.
Pero antes de repasar la resolución misma,
que hemos leído completa, una observación muy general.
La ONU es percibida en general como símbolo
de legitimidad y autoridad internacional. Las intenciones de la comunidad
mundial al crearla, eran loables. Su razón de ser, si fuera fiel a aquello,
clave. Pero en la práctica, se ha convertido en un teatro del absurdo, en el
que hay una clara obsesión anti israelí y en el que las mayorías automáticas en
la Asamblea General se imponen, dando respetabilidad a regímenes dictatoriales
y asesinos.
Por dar sólo uno de numerosos ejemplos, el
21 de diciembre, cuando la Asamblea General llevó a cabo su sesión legislativa
anual final, adoptó 20 resoluciones contra Israel y 4 contra el resto del
mundo, una de ellas contra Siria, escenario de una guerra en la que el régimen
ha asesinado ya a cientos de miles de personas. ¿Se puede tomar como tribuna
moral a una organización que permite una situación así?
No hemos visto al Consejo de Seguridad
reuniéndose preocupado para condenar el terrorismo contra Israel, ni las
matanzas en Siria ni la violación de derechos humanos en Irán, Arabia Saudita y
tantos otros lugares del planeta en los que el ciudadano parece nada valer .
El problema no es que haya crítica a los
asentamientos, un tema polémico dentro del propio Israel, que por ende también
israelíes critican , sino que el esfuerzo se concentre en eso cuando hay tantos
otros problemas terribles y letales en el mundo , a los que se presta muy poca
atención. Eso no es una auténtica preocupación por la paz .
Pero probablemente el problema principal
radique en el hecho que una resolución de este tipo, es la base sobre la que se
pueden multiplicar presiones extranjeras sobre Israel, que de hecho pretenden
imponerle fórmulas unilaterales. Es más: aunque la resolución hable en términos
generales de la necesidad de negociar , lo que hace es confirmar a los
palestinos que les vale la pena diplomáticamente hablando seguir optando por la
vía de presión internacional sobre Israel, en lugar de sentarse a hablar en
torno a la mesa de negociaciones donde también ellos tendrían que hacer
concesiones.
La resolución habla explícitamente del
riesgo que los asentamientos suponen para «la viabilidad de la solución de
dos Estados basados en las líneas de 1967». Pero deben ser las partes en
conflicto las que determinen las fronteras , no la ONU. No está de más recordar
que aquellas «líneas de 1967» fueron las violadas por los países
árabes en la guerra de los Seis Días en una guerra en la que prometían la
destrucción del Estado judío.
Y quizás más importante todavía sea
recalcar que cuando esa guerra y varias más anteriores, no había ni asentamientos
ni territorios ocupados, y que a pesar de ello Israel fue atacado y era
constantemente blanco de atentados terroristas. Se ve que la razón de la falta
de paz, no era los asentamientos vistos hoy como obstáculo a la paz, sino algo
mucho más profundo, de fondo: el rechazo a la existencia misma de Israel.
La resolución condena «todos los actos
de violencia contra civiles, incluyendo actos de terrorismo, así como todos los
actos de provocación, incitación y destrucción». Concordamos con la frase
por cierto, pero nos preguntamos por qué será que esta parte es tan general,
como si los atentados llegaran del aire, sin mención jamás de los responsables,
mientras que cuando se condena a Israel se es especialmente explícito.
Por otra parte, la resolución «reafirma
que el establecimiento por parte de Israel de asentamientos en el territorio
palestino ocupado desde 1967, incluyendo Jerusalem Este, no tiene validez legal
y constituye una flagrante violación del Derecho Internacional».
Parece que quienes redactaron la resolución
faltaron a alguna lección de historia lo cual incide en su terminología. Que
los palestinos, que son amplia mayoría en los territorios en cuestión
(Cisjordania o sea Judea y Samaria) reivindiquen la creación de un estado
palestino en ellos, es una cosa. Que sea exacto hablar de «territorio
palestino ocupado desde 1967», es otra muy distinta. O sea: sí, Israel
ocupó esa zona en la guerra de los Seis Días, al repeler el ataque jordano en
ese frente. Pero allí no había antes ningún estado palestino, los palestinos no
gobernaban nada y lo que había era ocupación jordana, iniciada en 1948 cuando
el Reino Hachemita atacó al entonces naciente Estado de Israel. Israel no ocupó
en 1967 nada que estuviera en manos palestinas, porque jamás existió en la
historia un Estado palestino independiente.
Y ni que hablar que resulta especialmente
problemática la mención de Jerusalem Este. La ciudad jamás había estado
dividida antes, era una única ciudad, y la división entre oeste y este surgió
precisamente a raíz del ataque árabe de 1948. De la parte oriental, que quedó
bajo ocupación jordana, expulsaron a todos los judíos del barrio judío en la
Ciudad Vieja. Y los judíos no podían siquiera llegar al Muro de los Lamentos.
La resolución «reitera su exigencia
que Israel cese inmediata y completamente todas las actividades de
asentamientos en el territorio palestino ocupado, incluyendo Jerusalem
Este». Con esta terminología, pone en una misma línea la construcción
«tierra adentro» en Cisjordania y la de los barrios de Jerusalem
construidos más allá de la mal llamada «línea del 67», aunque los
propios palestinos saben que eso es consenso israelí y que tampoco la oposición
israelí aceptará desmantelarlos. Con exigencias maximalistas, no se ayuda a
llegar a una solución cuerda que permita la creación de un Estado palestino sin
arriesgar la seguridad de Israel.
El Consejo de Seguridad «recalca que
no reconocerá ningún cambio en las líneas del 4 de junio de 1967, tampoco en
relación a Jerusalem, salvo aquellas acordadas por las partes en
negociaciones». Deberían comenzar por rechazar pues la agresión de la que
fue objeto Israel el 5 de junio de 1967.
El hecho que Israel fue atacado no
significa, claro, que todo lo que hizo después es legítimo. En absoluto. Pero
si la ONU dedicara una milésima de la energía que dedica a condenar a Israel, a
condenar las agresiones árabes, las cosas estarían mejor.
A decir verdad, la hipocresía no sorprende.
Pero lo que sí continúa cada tanto espantándonos, es la falta de miras. Quienes
realmente están preocupados por el bienestar de los palestinos y quiere verlos
vivir dignamente en independencia y soberanía, deberían aclarar que con
imposiciones de afuera sobre Israel, no se llegará a nada y sólo se corre el
riesgo de radicalizar posiciones. Deberían ser los primeros en exigir
terminantemente a las partes- o sea no sólo a Israel sino también a la
Autoridad Palestina- sentarse de inmediato a negociar. En forma directa,
bilateral. Las votaciones en el Consejo de Seguridad causan mucha impresión,
pero no acercan la paz.
¿Qué está mal en la resolución del Consejo de Seguridad?
26/Dic/2016
Montevideo Portal, por Ana Jerozolimski